Miguel de Unamuno: 50 fotos de Salamanca

Introducción Unamuno

Hay los retratos de paisajes, campesinos o urbanos- porque también los de ciudad, los momentos, son paisajes- que podríamos llamar de taller, retratos que nos dan el estado permanente de esos paisajes, y como estado, suelen ser estadísticos. Viéndolos se ve que esos paisajes han posado, como en un taller, ante el operador profesional que les estaba diciendo: “ miren acá… aguarde… ahora… así” Pero el que ha vivido en la familiaridad íntima de esos paisajes, el que ha convivido con ellos, echa de menos la captación de uno de esos momentos fugitivos en que el paisaje muestra lo más hondo e su alma, o un escorzo profundo, un instante de la vida del monumento o del rincón del campo. Aquellos retratos son buenos para turistas o para el que trata de estudiar el monumento, para una guía de estudiosos de arquitectura. No son de esos los que ofrece esta colección.

Hay aquí, además, algunos aspectos recogidos de la ciudad de Salamanca, en cuanto paisaje, en cuanto país, que no ha solido ser costumbre recogerlos. Al que como yo ha estado día tras día, durante años, saludando con la mirada a aquel David con su arpa de una de las claves de la bóveda de entrada de la Universidad, lo que le tiene que decir verlo  en el concreto de una reproducción fotográfica, más precisos a la vista sus contornos! Y aquel pino  del llamado   Jardín Botánico! Y aquella parra de la casa rectoral, a la que hace años dediqué un soneto!

Aquí quedan no solo trozos sino momentos del paisaje urbano, monumental, de nuestra Salamanca. Quedan para los que hemos vivido. Y quedan para que traten de vivirlos las que no los vieron. Aunque es esta una colección más que para guía de forasteros para recuerdo de los de casa. Que necesita uno recordar, con ayuda del arte, lo que tiene de continuo ante los ojos. Pues nada más difícil que recordar lo que se ve, que recordar, sobre todo, los momentos anteriores de lo que se está viendo. Ciertas vistas fotográficas tienen la virtud de una cinta cinematográfica; no nos dan una instantánea, un estado, sino todo un movimiento. Y así en algunas vistas de esta colección he sentido no posar, sino pasar, pasar y quedarse como hace la vena de un rio,  algún miembro, alguna entraña de Salamanca.

                                                                        MIGUEL de UNAMUNO

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